¡Hola¡

Hoy no voy a hablar de nada relacionado con la psicología, toca hacer un repaso a los últimos días y reflexionar un poco sobre mi evolución como jugador de golf. Empecemos por los entrenamientos de la última quincena de febrero, que es un buen ejemplo de lo que vengo haciendo últimamente:

Miércoles 14: 30 minutos de putt; 45 minutos con el pitching, hierros 8, 6, híbrido 3 y Driver.

Jueves 15: 45 minutos de approach y putt.

Domingo 18: jugué 9 hoyos con un total de 42 golpes.

Lunes 19: 25 minutos approach y putt.

Martes 20: 7 km de running con abdominales y lumbares, más estiramientos.

Miércoles 21: 20 minutos approach; 40 minutos con hierros 8, 6, híbrido 3 y Driver.

Viernes 22: 6 km de carrera con escaleras, ejercicios de core y estiramientos.

Domingo 25: Torneo con un resultado de 93 golpes.

Y ahí nos paramos, jeje. Una vuelta por encima de los 90 golpes que me ha puesto los pies en la tierra (como siempre suele hacer este deporte) y subida a 11.3 de hándicap. Desde finales de diciembre de 2017 (creo, jajaj, ya hasta perdí la cuenta) no he jugado un torneo y también estoy saliendo un poco menos al campo. Las responsabilidades familiares están haciendo mella en mi juego..jaja. Bueno, sarna con gusto no pica.

Puede que un factor que explique esta parada en mi evolución, o incluso retroceso, sea la falta de supervisión regular de mis entrenamientos por un profesional. Es algo que siempre defiendo, si se quiere bajar consistentemente de hándicap (además de entrenar regularmente, claro), pero, ya sea por falta de tiempo o, debido a una menor planificación estoy dejando de hacerlo. Siguiendo a mi amigo Armando Martín, debemos ponernos en manos de un buen profesional que establezca el modelo más adecuado a cada uno y trabaje en esa línea. En su artículo “Sentir o vivir el swing de golf” nos deja algunas ideas al respecto. ¿Esto por qué?, pues me da la impresión, y así lo opinan jugadores más avanzados que este humilde servidor, que a veces entrenamos los fallos, repetimos una y otra vez malos movimientos.

También hay que variar los entrenamientos. Cuando nos ponemos en el tee de prácticas con los pies bien nivelados, todo es un poco más fácil. Hay que salir al campo y jugar cuesta arriba, cuesta abajo, de lado, entre los árboles, con otras personas, meterse un poco de presión (apostar incluso la consumición del hoyo 19) y así ir “rodándonos” para cuando llegue un torneo. Algo que también estoy haciendo menos.

Bueno, son pequeñas reflexiones. Al final, lo importante es no desmotivarnos o quemarnos, ajustar nuestros objetivos, nuestro tiempo de deporte al resto de responsabilidades para poder disfrutar de todo, y sobre todo de algo tan bonito como el golf (aunque a veces no haga sufrir un poco, jajaja). Os invito a que también dejéis vuestros comentarios, alegrías y frustraciones vivenciadas con el golf.

Seguiremos adelante con buen humor. Saludos y buen golpe.